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¿Por qué en ocasiones actuamos sin pensar? Explicación científica

1. INTRODUCCIÓN

Daniel Goleman, relata en su libro “Inteligencia emocional” (1995) algunas situaciones reales que muestran la dominancia del cerebro primitivo-emocional sobre el cerebro racional en determinados escenarios en los que una respuesta racional del neocortex puede resultar demasiado lenta para la supervivencia del individuo:

Serían las 3 de la mañana cuando un ruido estrepitoso procedente de un rincón de mi dormitorio me despertó bruscamente, como si el techo se estuviera desmoronando y todo el contenido de la buhardilla cayera al suelo. Inmediatamente salté de mi cama y salí de la habitación, pero después de mirar cuidadosamente descubrí que lo único que se había caído era la pila de cajas que mi esposa había amontonado en la esquina el día anterior para ordenar el armario. Nada había caído de la buhardilla; de hecho, ni siquiera había buhardilla. El techo estaba intacto… y yo también lo estaba” (Goleman, 2010, p.61).

¿Qué provocó que Goleman saliese corriendo de su habitación por un acontecimiento tan inocuo para su integridad física?


En su libro participa una de las eminencias actuales en el campo de las neurociencias de las emociones: Joseph LeDoux. Este neurocientífico de la universidad de Nueva York aporta una explicación neuronal asombrosa al acontecimiento que relata Goleman.

LeDoux descubrió que las señales sensoriales de los ojos y los oídos pasan del tálamo al sector emocional subcortical (la amígdala) por un “atajo sináptico”, provocando que esta información llegue antes a la amígdala que al neocortex (el centro racional). De esta manera la amígdala, el centro emocional, comienza a responder a la situación, aunque de forma imprecisa, antes de que el neocortex sopese el acontecimiento y emita una respuesta coherente.

El descubrimiento aporta luz al debate sobre el innatismo de las emociones y divulga una explicación científica sobre aquellos acontecimientos en los que, arrollados por las estas, se actúa “sin pensar”, como medio para elaborar una respuesta lo más rápida posible ante el estimulo que evoca dichas emociones.

¿Por qué existe un atajo sináptico hacia el cerebro emocional subcortical? ¿Qué importancia tiene?


Dos millones de años atrás, el atajo entre el tálamo y el centro emocional subcortical posibilitó que muchos humanos respondieran pre-racionalmente en contextos en los que pararse a pensar podría resultar fatídico: ataques de animales, defensa de la progenie ante una amenaza, etc. (Cano, 2010; Damasio, 2010; Goleman 1995). Este dispositivo ha perdurado a lo largo de la evolución por su valor adaptativo, pero ante el abrumador crecimiento social, resulta obsoleto en muchas ocasiones, especialmente en las desencadenadas por el miedo y el enfado. En palabras del mismo autor y respondiendo a la pregunta que se planteaba anteriormente sobre la posible discordancia entre evolución biológica y social: “con demasiada frecuencia, nos vemos obligados a afrontar los retos que nos presenta el mundo postmoderno con recursos emocionales adaptados a las necesidades del pleistoceno” (Goleman, 1995, p. 38).

2. REFERENCIAS

  • Cano, M. (2010). Reconocimiento de estados básicos y complejos a partir de indicios faciales y contextuales. Evaluación y optimización de procesos intelectuales implicados en la sensibilidad interpersonal. Tesis doctoral. Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Celdrán, J., Ferrándiz, G. y Herrero, M.T. (2011).  Reconocimiento de emociones básicas en niños de primer curso de Educación Primaria. Tesis de maestría, Universidad de Murcia, Murcia, España.
  • Damasio, A. (2010). Y el cerebro creó al hombre. Barcelona: Ediciones destino
  • Goleman, D. (2010). Inteligencia emocional. Barcelona: Editorial Kairós.
  • Kvnglbrtsn (2012). Imagen de la amígdala con licencia Creative Commons. Flickr.com. [En línea] Consultado el día 4 de septiembre de 2012. Disponible en: http://farm4.staticflickr.com/3176/2516589005_0c0a7b6a9a_m.jpg

 

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