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Carta a un empresario

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Carta a un empresario

Totti
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Querido empresario, usted que está sentado en esa gran silla aterciopelada, en un despacho donde ostenta la cumbre de su emporio, permítame que le regale unas palabras que le aseguro no olvidará:

En primer lugar, quería darle la enhorabuena por todos sus éxitos, sí, todos aquellos con que llena su boca y refriega orgulloso a todo el que se precie, sobre todo porque siempre fue usted y solamente usted el único artífice de tales logros; ahora bien, lamento los fracasos de sus trabajadores, pues como predica con frecuencia, son ellos los responsables de los errores cometidos en su organización.

Además me encanta cómo reconoce su esfuerzo, los motiva, y no hablemos de incentivos económicos, puesto que no duda un segundo en traducir su productividad en euros, lástima que sólo sean para llenar su bolsillo, y no el de sus queridos empleados.

Otro elogio que desearía dedicarle es lo inmensamente cumplidor que es con la normativa, su espíritu de interpretación de ésta rebasa las barreras de lo estrictamente jurídico; tanto es así, que por más horas extras que realicen sus obreros, tengan un salario que no corresponde a su categoría profesional, se ausenten del tajo por una enfermedad más que justificada, existan numerosos atrasos que siguen esperando su milagrosa llegada; en definitiva, soliciten aquello a lo que las normas les da derecho, usted termina haciendo que los textos legales simplemente formen parte del decoro del mobiliario.

Otra de sus grandes virtudes es el apostar por nuevos talentos, gente joven que llena de aire fresco su organización con ganas de darlo todo, la pena es lo poco que usted les da a cambio; con título o sin él, sin experiencia o siendo ancestro, el caso es que recriminará, a veces hasta perdiendo las formas, cualquier imprevisto o circunstancia que pueda hacer peligrar un mísero céntimo de su bolsillo. Duerma tranquilo, pongo la mano en el fuego que nunca participó de ningún error, eminencias como usted sólo intervienen en los más inverosímiles aciertos.

Igualmente, destaco sus grandes habilidades, pero intuyo que la que más años y esfuerzos dedicó para su perfecto desarrollo, fue la de estrujar una esponja hasta que cayera la última gota; aunque esta destreza no se aprenda de forma académica le felicito porque su dominio está al alcance de unos pocos. Y siguiendo con lo de dar oportunidades a “los que están empezando”, tengo constancia de que su apuesta por ellos es continua, ya que cuando alguno de los veteranos está en disposición de promocionar (dejemos en el aire si dicho ascenso lleva aparejado una mayor remuneración o sólo más y mayores responsabilidades) usted le invita a abandonar su puesto, pues su ciclo ha terminado y debe dejar paso a un nuevo becario al que aplicará con gran maestría su técnica de la esponja.

En fin, si usted hace gala de inteligencia y su praxis es acorde con lo moral, no estaría mal ser un poco autocrítico, ni siquiera se dará por aludido en todo lo anterior; no obstante, si siente cierto desagrado, o incluso ira que haya hecho asomar sus garras, o algo aún más triste, le haya provocado indiferencia, le diré que esto que ha leído es su propio reflejo, que espero que le haga reflexionar sobre su conducta, aunque quizá su elevado ego no le deje ver más allá de su frente.

Si realmente usted merece la pena hará lo posible por cambiar, de lo contrario le auguro que el espejo en que ahora mismo refleja su despotismo se destrozará en mil pedazos, no por lo horrendo que pudiera ser por fuera, sino por la crueldad que lleva por dentro.

Totti
Fuente de la información y agradecimientos: Totti
 

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