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Un ser querido

Un ser querido

Totti  
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Es ese que te entrega su vida día tras día, ese que cierra su boca, hambriento, para darte un trozo de pan. Trabajaba de sol a sol, con la respiración contenida, para sacar adelante a una familia, para que tuviéramos las oportunidades que las secuelas de beligerancia negaron a él y a tantos de su tiempo. Son infinidad los motivos que lo hacen especial, irrepetible; como luces adornan el cielo en noches estrelladas, su grandeza es como ellas, inalcanzable.
Cuando erraba en el camino me enseñaba, cuando me iba a precipitar al vacío siembre me brindaba su mano, pese a que previamente ya me había advertido, era generoso y comprensivo. Mi mejor referente en el respeto, nunca oí hablar mal de él, era amable con los demás, cercano, cumplidor y comprometido. Sus palabras siempre respondían a su pensamiento, y para él del dicho al hecho no existía distinción ni barrera, pues la hipocresía moría ante él, la paradoja era utópica en su mundo transparente, fiel y de amor por los suyos.
De pequeño me inculcó la honradez, me dijo que abriera bien los ojos ante la picaresca de la vida, pero que nunca cayera en los vicios del engaño, de lo ajeno, de las locuras propias de la inmadurez, pues éstas siempre pasarían factura al llegar a viejo. Una vejez que yo veía en él como experiencia, como tintes añejos de un buen vino, como seguridad en uno mismo, como las raíces que me iban convirtiendo en alguien, como un árbol sexagenario con esplendoroso porte e inmensa umbría.
Siempre quiso ser justo, a veces cediendo en su propio menoscabo por hacer feliz a los demás, labrando el camino para que sus vástagos no cayéramos en la codicia que otros le demostraron.
El destino fue su peor enemigo, pues los justos pagan muchas veces por pecadores, y el azar lapidó su vida, robándole la plenitud de unos años de merecido descanso tras un viaje cargado de mucho esfuerzo y entrega. Aún así, tiene agallas para sacar resignación y esbozar alguna sonrisa entre el estigma de su enfermedad.
Con su ejemplo, empecé a entender lo dura que es a veces la realidad, lo efímero de un mundo en el que sabes cómo amanece pero ignoras lo que deparará el crepúsculo, que pese a las complicaciones hay que seguir adelante, pues el reloj de la vida no se detiene, y siempre hay muchas más razones de las que creemos para sonreír, para luchar, para esforzarse, para perdonar, para ayudar, para respirar aire puro, para comprender, … para parecerse a él.
Totti
31-12-2010
 

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4 comentarios

  1. Gracias Jan...te invito a que participes en esta web...sé que tienes muchos conocimientos y muy variados(cocina, laboratorio, edafología, fútbol, medio natural, ECG, PRL,...)¿a qué esperas para compartir todos estos saberes????

  2. Habría varias formas de comentar esta reflexión, pero sólo con una palabra lo diría todo: MAGNÍFICO.

    Sigue así.

 

 

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